TÚ vol. I

Llegas.
Me ves.
Me miras y
Te callas.
Me miras y
Me atrapas.
Me atrapo en los silencios implícitos
De tus palabras,
Y entonces
Te vuelves y
Te marchas.

Legas.
Me ves.
Me miras y
Me abrazas.
Y yo me quedo apresada;
Me paralizo como
Una tonta anonadada.
Concentrada.
Sintiendo las yemas de tus dedos
Acariciar mi espalda.
Entonces me sueltas.
Entonces te marchas.

Porque llegas.
Me ves.
Me miras y
Me matas.
Porque ahí quiero besarte.
Porque me muero de ganas.
¡Joder!
Dime lo que piensas,
Lo que anhelas,
Lo que amas.
Pero en lugar de eso,
Te vuelves y
Te marchas.

Y entonces ya
Ni me besas,
Ni me miras,
Ni me abrazas.
Porque ni me quieres,
Ni te quiero;
Pero aun así me encantas.
Yo tan pequeñita,
Tú tan grande
Y tan frías mis sábanas.

Porque lo que quiero
Es enseñarte
Los rincones de mi cama;
Las costuras de mi almohada;
Las esquinas de mi cuarto;
Las ventanas empañadas.
Yo me acerco.
Tú me huyes.
Y, así, mi vida,
Así no hacemos nada.

Y me quedo empanada
Contemplando tu mirada,
Con esos ojillos tiernos
De niño viejo.

Sopesando qué pasaría
Si salto y llego;
Si me mojo y te morreo.
Te disparo a quemarropa
Y me vuelvo loca.
Porque es que te veo
Y te comería la boca,
Te arrancaría la ropa.

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Porque ella estaba loca.

Porque ella estaba loca…
Reía como los valientes.
Con la risa histérica
De un kamikaze
A punto de estrellarse
Con un avión enemigo.

Con la risa despreocupada
De un niño bajo las cosquillas de alguien,
Que aun sin ser su padre,
Se le parece mucho
Y aún no se ha ido.

Con la risa nostálgica
De aquel que ha vivido más
De lo que lo han hecho los demás,
Perdiendo más de lo que nadie
hubo jamás perdido.
Ella reía.

Reía y lo inundaba todo
Con sus carcajadas insonoras
Y sus silencios a pleno pulmón.
No creía en cuentos,
Dramas, ni historias;
Rechazaba esas falacias defectuosas
Que otros creen a pies juntillas.

Reía como una chiquilla
Sin más intención
Que la de achicar agua y
Coser las velas de su velero;
Respirando fuerte para
Llenar de aire sus velas
Echas jirones por el trajín de sus batallas.

No podía permitirse hundirse
Por nadie ni por nada;
A pesar de los vendavales y de las heladas.

No poseía más espada que su sonrisa,
Ni más sonrisa que su espada.
Así que reía.

Reía porque si lloraba
El mundo se haría mar,
Y aunque acostumbrada
A los naufragios y
a vivir a la deriva
Aún no había aprendido a remar.
A navegar.

Ella solo sabía naufragar.

mamás, MAMÁ

Son pesadas.
Preguntan lo mismo
Más de 100 veces,
Para luego olvidar
Las respuestas.
Nos llaman desordenadas,
Pavas, niñas mimadas.
Igual sí que lo somos;
Porque nos han dado
Tantos besos
Que podríamos abastecer
Toda una vida de San Valentines;
Tantos abrazos
Que iríamos abrigaditas
Para el resto de inviernos;
Nos han dicho tantos “te quiero”
Que ya nos da igual
si los demás deciden no hacerlo;
Nos han cuidado
En tantos resfriados
Que las gripes huyen
En escuchar sus nombres.
Porque no hay palabra
En el mundo que signifique más;
Que abarque más amor,
Más confianza,
más fuerza y más coraje,
Que el nombre que
Os pusimos al nacer.
Porque os queremos.
Porque TE QUIERO,
Ayer, hoy y siempre,
Gracias MAMÁ.

Ese lugar…

Cuando era niña,
Y cada sombra se alzaba ante mí,
Como un monstruo aterrador,
Solía cerrar los ojos
Y transportarme a un paraje
Alejado del mundo;
Lleno de color, de sabor.

Ese lugar mágico
Se alzaba ante mí
Como un laberinto de sueños,
De esperanzas que me traerían dicha,
De metas que me llevarían a la cima,
De promesas a pleno pulmón
Que guiarían mi vida.

Sin embargo, yo ya no soy esa niña.
Y aunque sigo cerrando los ojos
Cuando las cadenas de la realidad
Me estrangulan y me atan al suelo,
Intentando vislumbrar aquel lugar,
Cada día se me hace más difícil llegar.
Y no puedo dejar de pensar:
¿Qué pasaría si lo logro alcanzar?

Y tú, que probablemente
También tienes uno similar
No puedes evitar pensar:
¿Qué hay en ese lugar
Que lo hace tan especial?

En ese lugar,
Se halla la ficción
De lo que tú y yo
Podríamos haber sido,
De lo que habría ocurrido
De habernos conocido,
De todo lo que podríamos
Haber vivido.

En ese lugar,
Se hallan las respuestas
A todas aquellas preguntas
Que nunca nos hicimos.
Se hayan todas las oportunidades
Que podríamos haber consumido.

Por eso quiero ir a ese lugar;
Para no temer fallar,
Para poder volar,
Para poderte encontrar.

Quiero ir al lugar
donde van los gritos perdidos;
allí donde se esconden los besos prohibidos,
los sueños cohibidos.

Quiero ir al lugar
donde va todo
lo que no nos dijimos,
los abrazos
que no nos dimos,
las promesas silenciosas
que no nos hicimos.

Quiero ir al lugar
donde se guarda
lo que no vivimos,
todo lo que no sufrimos,
todo lo que aprendimos.
A ver si, al fin, encuentro allí
mi escurridizo destino.

 

Pensamientos desnutridos

Fumémonos el tiempo que nos queda;
desnudemos las muñecas
y vistamos nuestros podridos corazones.
Porque de almas destrozadas,
peladas de frío,
ya está lleno este mundo sombrío.
Cubrámoslas con flores y mantas,
con cafés recién hechos y con olor a lluvia.
Vistámoslas con hechos,
porque las cosas más hermosas,
se han dicho sin pronunciar ningún sonido.
Vistamos nuestros corazones,
porque el invierno es largo,
y jodidamente frío;
no por miedo al olvido,
ni al abandono prohibido.
Vistámoslas por nosotros,
por nuestras sombras sin sentido,
y nuestros huecos y vacíos.
Que cuando llegue el verano,
y el helor sea vencido,
yo seguiré por aquí;
dejando atrás el silencioso sigilo,
porque para vivir,
hay que hacer ruido.