Limón y Sal

Y entonces te lanzas.
Te tiras, de golpe,
Con los ojos abiertos
Para no perderte ni un
Solo detalle del paisaje
Mientras te precipitas.
Porque eso es lo que siempre haces,
Precipitarte.
Porque la sola idea
De petrificarte si te quedas quieta,
Te aterroriza.
Porque la vida es jodidamente escurridiza;
Y cada sueño dura lo que una estrella fugaz
Tarda en recorrer el (oscuro, a veces, casi negro) cielo.
Así que la agarras
Y la estrujas.
Aunque te quemes,
Prendas y ardas en llamas;
Y te conviertas en ese
Precioso meteorito incandescente
Que un día intentaste atrapar.
Porque mientras sea real,
Merecerá la pena.
Porque vivir,
Siempre merecerá la pena.
Y sangrar, no será más
Que parte del proceso de curarse
Y de aprender a amarse.
Porque cuando la herida escuece,
Es que se está curando;
Así que échale sal,
Y acompáñala con un par de chupitos de tequila
Y algún que otro cachito de limón,
Que yo a rodajas solo quiero naranjas,
Y el pan si va acompañado de aceite y tomate untado,
Y no olvides el jamón.
Que las penas con pan son menos penas,
Pero el pan con pan,
Es comida de tontos.
Y yo ya estoy cansada
De que me tomen por subnormal,
Ingenua, tonta y retrasada.
Que ser de buena tonta,
Esta demasiado pasado de moda,
Y ya no llega ni a vintage.
Así que tómame por loca,
Y bébeme de un trago,
Antes de que mi interés
Se derrame o acabe en cualquier otra boca,
Con menos limones y con más sal.
Porque yo nunca fui de esperar.
La impaciencia me consume.
Y fumarme el tiempo se convierte
En una de mis contra-virtudes.
Porque los defectos, no dejan de ser
Características que definen nuestros jodidos
Carácteres de mierda.
Y créeme que en ese concurso
Gano el primer, segundo y tercer premio,
Apoderándome del pódium,
Bailando e intentando no derramar mi Gyn-Tonic
En cada movimiento de cadera.
Mientras te guiño un ojo,
A ver si te acercas,
Me derramas la copa
Intentando llegar a mi boca.
Y me sacas de ese bar,
Porque sólo puedes pensar
En quitarme la ropa.
Y yo sólo puedo pensar en equivocarme.
Que quien besa,
Se equivoca.
Y a mí me encanta cometer errores
Que acaben en desamores;
En batallas épicas y guerras púnicas.
Que la democracia en la cama
Está sobrevalorada.
Yo proclamaría la independencia de tu cuarto
A punta de pistola,
O, mejor dicho,
De sábana como soga al cuello.
Secuestrando tu cerebro,
Mientras el resto de ti se va a trabajar
Y a hacer todas esas cosas
Que hacen las personas normales y decentes.
Mientras lo que queda de ti y de mí
Se enseñan los dientes.
Que las sonrisas entre besos
Siempre fueron mi fuerte;
Y lo que me pone de ti,
Es tu mente.
Así que sé conmigo decadencia,
Mi querido demente;
Y quiéreme libre,
Fresca e indecente.
Sólo esta noche,
Y la siguiente,
Y así sucesivamente,
Hasta llegar a eso que nunca te prometeré;

·

·

·
Un para SIEMPRE.

 

 

 

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Alguien Con Grietas

Busca a alguien con grietas,
Con huecos,
Con cicatrices 
De disparos a bocajarro. 
Busca a alguien 
Que haya saltado al vacío
Despeñándose contra 
Las rocas del acantilado.
Busca a alguien que haya perdido
Muchas más veces
De las que ha ganado.
Busca a alguien loco;
Que haya estado enamorado,
Que haya estado encadenado,
Atrapado, encañonado,
Alguien que haya estado acorralado.
Busca a alguien que,
Aún lo difícil que es ser feliz
en este mundo,
No se haya resignado. 
Busca a alguien visceral, 
Un desnutrido mental,
Con un bagaje emocional
Lleno de parches y de sal. 

Me tapas las vistas.

Si ayer no estuviste;
No quieras estar hoy.
Si lo supiste,
Y, aun así, te fuiste;
Deberías empezar a pensar
En cuánto (me) perdiste.
No me sirve de nada
Que aparezcas en el ultimo tren
Cuando me tiré a las vías
Tantas madrugadas,
Esperando(te).
Aun recuerdo el frío de los railes
Acariciando mis mejillas
Cortándome la espalda,
Siendo agujas en mi sien.
Lo siento.
Ese ni entrar, ni salir
ya no me sirve de nada.
O estás o no estás,
Pero no te quedes en el umbral,
Que me tapas las vistas.

HARTA

Estoy harta.
Harta de vuestras putas expectativas;
De vuestra opinión sobre mi vida.
Harta de enseñar la parte positiva;
La que no llora, la que no grita;
La de princesita,
Ignorante ratoncita hipócrita.
Harta de vivir según vuestras normas
De aceptar vuestros comentarios
“Sin ánimo de ofender”
Pero, a ver…
¿Quienes os pensáis que sois
Para venir a joder(me).

Prefiero ser zorra libre
A santa entre barrotes;
Cárcel de mármol y cristal,
Condena de tanto renombre.
Yo nunca fui de cantar salmos
Y rezar rosarios;
Fui más de cantar Marea y Extremoduro
A grito “pelao” en cualquier bar
Siendo explícita en pronunciar cada letra
Convirtiendo en lascivas palabras
Explícitamente malsonantes
Saliendo de entre unos labios con demasiado carmín,
Eso sí, siempre granate.

Nunca fui de pedir perdón
Y anhelar penitencia,
No tengo paciencia.
Sin embargo quizás no negaría
Que hay magia en cada azote,
Yo siempre fui de mordiscos y cardenales,
Pero eso ya, lo siento,
No es de vuestra incumbencia.

Quedaos con la decencia.
Yo nadaré en mi decadencia,
Mi indecencia,
Mi imprudencia…

Que

          os

                   den.
Que os den a vosotros y
                                             a         vuestras         (putas)           creencias.

TE AMÉ

Te amé,
Pero no lo suficiente.
Me amé más a mí;
Me costó asumirlo 
Y, más aún,
Ser valiente.
Pero lo conseguí.
Me alejé de ti,
Ergo te dejé ir. 
Hipócrita.
En realidad, 
Me deshice de ti. 
Huí.

Me siento una zorra en decirlo en voz alta
“No eras suficientre para mí”.
Estoy mejor sin ti. 
Frenabas esa parte de mí 
Que se vuelve loca por saltar
De acantilados y rascacielos. 

Te escribo porque ayer te vi,
Aunque más que escribirte,
Escribo sobre ti. 
Miento.
Escribo sobre mí. 
Sobre el hecho de que te vi. 
De que no sentí (NADA),
Al fin. 


Me dejaste vacía, 
Te llevaste todo lo bueno,
Me robaste mi piedra filosofal
Y te la fumaste en dos caladas,
Con otra en mi cama,
Mientras repiqueteaban 
Las guirnaldas y flores que 
Tanto abundan en mis decoraciones.
Porque allí dónde ríes con otra,
Dónde te ríes de mí,
Está mi firma grabada a fuego.

Pero por fin no sentí.
No hay amor.
No hablo del de pareja,
Ese amor lo maté yo
Como quien mata el cigarro
Mientras otro mata el tiempo.
Hablo del amor de quien te conoce,
Te cuida y te lame las heridas. 
Ese lo mataste tú.
Lo ahorcaste 
Con tu soga de mil y una mentiras
Mientras él se debatía y crecía 5 centímetros
Antes de exhalar su último aliento.

Ni siquiera sentí celos, 
Esos que te has empeñado en 
Convertir en rumores,
Para distraer al resto
De quién era el malo
Y quién el honesto. 

Igual sí siento un rencor constructivo
más amargo que profundo
De haberte visto pisotear
Cualquier abismo de nostalgia
De tantas noches en vigía
Bajo las mantas en mi sofá,
En mi cuarto,
En mi cama, 
En el suelo. 

En mi cielo.

No puedo evitarlo.
Ya no te odio,
Tampoco te quiero.

Suelo ser un alienígena
Pero caigo ante la debilidad humana
De sentir ira y rabia acumulada
Y soltarlas como si fueran lobos hambrientos,
Sedientos de tanta lágrima inválida y paralítica.
Demasiado llanto defectuoso;
Fruto de un dolor irracional 
Por culpa de un cabrón
Ególatra y cobarde.
Menudo farsante,
Buen hombre de imitación barata.
¿He dicho buen hombre?
Niño. Crío.
Niñato.
Bebé ingrato.

Te diría que queda el recuerdo,
Que a ratos te pasas por mi mente
Siendo bálsamo.
Consuelo de lo que vivimos, 
De lo que viví,
De lo que viviste. 
Pero en realidad lo que queda 
Es la indiferencia
Del que pasa por la vida
Dejándote una huella
Una cicatriz eterna
Una herida estoica 
Veterano de guerra
.

Solo queda admitir,
Que pese a la venda,
A los esfuerzos desmesurados 
Y las ilusiones ciegas,
Siempre supimos que 
La batalla estaba perdida.
Ni yo era tu soldado
Ni tu mi princesa dormida. 
Siempre fui una fugitiva lasciva
De mirada confundida
Que prefería naufragar en la vida
Antes que usar un bote salvavidas.

No te quise como salida de emergencia.
Tu querías una madre,
Y yo no tengo paciencia.
Yo solté tu cuerda,
Pero te di la mano para que no cayeras;
Y tu cortaste mi brazo,
Me sacaste el corazón y el alma 
A base de hurgar en mi pecho
Con una cucharilla de café
,
 Y lo tiraste a la hoguera.
Porque yo siempre fui la bruja y,
Dejar de quererte
,
                                       mi condena. 

Porque ella estaba loca.

Porque ella estaba loca…
Reía como los valientes.
Con la risa histérica
De un kamikaze
A punto de estrellarse
Con un avión enemigo.

Con la risa despreocupada
De un niño bajo las cosquillas de alguien,
Que aun sin ser su padre,
Se le parece mucho
Y aún no se ha ido.

Con la risa nostálgica
De aquel que ha vivido más
De lo que lo han hecho los demás,
Perdiendo más de lo que nadie
hubo jamás perdido.
Ella reía.

Reía y lo inundaba todo
Con sus carcajadas insonoras
Y sus silencios a pleno pulmón.
No creía en cuentos,
Dramas, ni historias;
Rechazaba esas falacias defectuosas
Que otros creen a pies juntillas.

Reía como una chiquilla
Sin más intención
Que la de achicar agua y
Coser las velas de su velero;
Respirando fuerte para
Llenar de aire sus velas
Echas jirones por el trajín de sus batallas.

No podía permitirse hundirse
Por nadie ni por nada;
A pesar de los vendavales y de las heladas.

No poseía más espada que su sonrisa,
Ni más sonrisa que su espada.
Así que reía.

Reía porque si lloraba
El mundo se haría mar,
Y aunque acostumbrada
A los naufragios y
a vivir a la deriva
Aún no había aprendido a remar.
A navegar.

Ella solo sabía naufragar.

Odiar, matar, sufrir…

Guerra en Siria,
bombas en París,
niños que mueren de hambre;
odiar, matar, sufrir…

En esta sociedad podrida,
que ha matado la esperanza,
solo queda la añoranza
de esos tiempos de bonanza
en los que celebrábamos la vida.

En esta sociedad podrida,
que ha matado la esperanza,
solo anhelo convencida
encontrar una salida
a la incontrolable matanza,
a la sed de venganza
de esta lucha tan vacía,
fruto de la tiranía
de alguna alma sombría.

Y no entiendo esa mala costumbre,
de convertir lo sano en podredumbre,
de permitir que todo se derrumbe
sólo por alcanzar la cumbre.

Estoy harta de este mundo corrupto,
que se alza por banderas
y que mata sin escrúpulos
por don dinero y sus fronteras.

¿quién hizo que un dólar
importara más que una vida?
¿y si sólo soy una bala perdida?
Pues me arranca las entrañas,
me estrangula y me araña,
esta sensación de impotencia,
ante tanta impaciencia,
ante tanta violencia,
fruto de la ignorancia
de la falta de tolerancia
de la brutal incongruencia.

Hoy pido que rompamos las cadenas,
que olvidemos las condenas,
que alcemos las manos al cielo,
y encontremos el consuelo
para perdonar y pasar el duelo.

Todos somos París;
todos somos Beirut;
todos somos Siria;
Irán y Palestina;
México y Brasil.
Todos vivimos aquí;
en este loco planeta.
Efímeros como un cometa,
inestables como una veleta.
No combatamos el odio
con más odio.

La ira sólo trae dolor, terror,
desprecio…

Combatámoslo con paz,
con un discurso mordaz,
con un hambre voraz
de solidaridad.

Y así, a lo mejor;
y solamente quizás,
saboreemos la pura libertad.